VH-1946-HUP Hungría 1945–1946 Serie 03 · Récords económicos Publicado el 26 de enero de 2026
La hiperinflación en la que los precios se duplicaban dos veces al día
Hungría llegó a imprimir un billete de mil millones de billones de pengő. Nunca se puso en circulación, y esa decisión es la parte más reveladora del episodio.
Valor History no tiene afiliación, vínculo comercial ni representación oficial con el banco central de Hungría, con el Estado húngaro ni con ninguna otra entidad mencionada en este artículo. Contenido con fines históricos y educativos.
Cuando se habla de hiperinflación, casi todos piensan en la Alemania de 1923 o en Zimbabue en 2008. El récord medido, sin embargo, pertenece a un país más pequeño y a un año concreto: Hungría, 1946.
Origen: una economía sin la mitad de sus activos
El pengő se había introducido en 1927 como moneda estable, después de la inflación de la posguerra anterior. Funcionó durante más de una década. Lo que la destruyó fue la Segunda Guerra Mundial: el país quedó en la línea del frente, sufrió combates prolongados en su propio territorio, perdió una parte enorme de su capital productivo, de su red ferroviaria y de sus puentes, y quedó además obligado a pagar reparaciones de guerra.
A eso se sumó un sistema bancario desarticulado, una recaudación fiscal casi inexistente y la necesidad política de sostener salarios y gasto público. La emisión monetaria se convirtió en el único instrumento disponible, y se usó sin freno.
Contexto: la velocidad como protagonista
Lo excepcional del caso húngaro no es la magnitud total, sino el ritmo. Las estimaciones más utilizadas en la literatura económica —recogidas y sistematizadas en los estudios comparados de hiperinflaciones— sitúan el punto máximo en julio de 1946, con una tasa de inflación mensual del orden de 4,19 × 1016 por ciento y precios que se duplicaban aproximadamente cada quince horas. Es la duplicación más rápida documentada en un episodio inflacionario.
Para que el sistema siguiera funcionando, en enero de 1946 se introdujo el adópengő, una unidad de cuenta indexada creada originalmente para fines fiscales, cuya cotización frente al pengő se publicaba a diario. En la práctica se volvió el patrón real de los precios: los salarios y los depósitos se calculaban en esa unidad porque el pengő ya no servía para medir nada.
La curiosidad central: el billete que se imprimió y nunca salió
Las denominaciones se alargaron hasta necesitar un sufijo. En lugar de seguir agregando ceros, los billetes empezaron a expresarse en milpengő (un millón de pengő) y luego en B.-pengő, abreviatura de bilpengő, equivalente a un billón de pengő en la escala larga europea, es decir un millón de millones.
El billete de mayor denominación que llegó a circular fue el de 100 millones de B.-pengő: cien quintillones de pengő en escala larga, un 1 seguido de veinte ceros. Y se imprimió uno más: el de 1.000 millones de B.-pengő —un 1 con veintiún ceros—, que quedó preparado pero nunca se puso en circulación porque la reforma monetaria llegó antes. Los ejemplares supervivientes de esa denominación no emitida son hoy piezas de museo y de colección.
Imprimir un billete es una decisión técnica. No emitirlo es una decisión política: significa que ya se resolvió empezar de nuevo.
Qué pasó después: el forinto y una cifra que da vértigo
El 1 de agosto de 1946 entró en vigor el forinto, con un tipo de conversión de 4 × 1029 pengő por forinto. La comparación que mejor transmite la escala es la que suele citarse en los archivos de la reforma: el valor conjunto de todo el papel moneda en pengő que quedaba en circulación en el país equivalía a una fracción mínima de un solo forinto, del orden de una milésima parte.
La reforma funcionó. El forinto se estabilizó con rapidez, apoyado en el control de la emisión, en la recuperación de la recaudación y en las reservas disponibles, y sigue siendo la moneda de Hungría.
Cómo leer este dato sin exagerarlo
Dos advertencias. Las cifras de tasa mensual e intervalo de duplicación son estimaciones reconstruidas por investigadores a partir de series de precios de la época, y cambian ligeramente según el método y las fuentes empleadas; conviene citarlas como estimaciones. Y hay una confusión frecuente en publicaciones virales: el billete «con más ceros» del mundo es húngaro, no zimbabuense, aunque el zimbabuense de 2009 sea mucho más conocido y mucho más fácil de conseguir. Esa historia está en otro artículo del archivo.
Fuentes
- Estudios comparados de hiperinflaciones que recopilan tasas mensuales y tiempos de duplicación, entre ellos la tabla de referencia elaborada por Steve Hanke y Nicholas Krus (2013), donde el caso húngaro de julio de 1946 figura como el más rápido documentado.
- Documentación histórica del banco central de Hungría y de la reforma monetaria de 1946 sobre denominaciones emitidas, el adópengő y el tipo de conversión al forinto.
- Catálogos numismáticos de referencia para papel moneda mundial: fichas de la serie de milpengő y B.-pengő de 1945-1946, incluida la denominación impresa y no emitida.
- Fondos y fichas de museos monetarios y colecciones nacionales que conservan ejemplares de la serie.
- Literatura académica sobre la estabilización húngara de posguerra y el papel de las reparaciones y la destrucción de capital en el episodio.